A las 6 y pico |
|
|
Se muestran los artículos pertenecientes al tema Udi. 16/02/2005Solo por hoy- Hasta el viernes – dije, antes de encender otro cigarrillo, uno más de los tantos que llevaba fumados buscando algo que hacer con las manos, mientras mis ojos recorrían la habitación, queriendo descubrir señales ocultas en los posters colgados caóticamente, o en la pila de ropa que – sobre la cama – daba inequívocos indicios de haber sido trasladada recién de la silla en la que en ese momento estaba sentado. Sobre la cocina la pava silbaba y exhalaba un vapor blanquecino.- ¿Mate o café? – preguntó Rosa, levantándose de la reposera de mimbre, y tranquilizándome un poco: me sentía observado. Más aún, sus ojos pardos que siempre tuvieron el poder de atravesarme parecían escarbar en cada signo que el paso del tiempo había dejado sobre mi cara, mis manos, mi pelo o mi figura.- ¿Conseguís yerba? – dije por decir, y mientras lo decía tuve conciencia de lo estúpido de mi pregunta.Lo dejó pasar, dándose cuenta de mi incomodidad.- Vení, ayudame con el mate.Me acerqué a la cocina jugueteando con un llavero que tomé de la mesa. - Dame eso – me dijo, con una mirada casi maternal – Si no, lo vas a terminar perdiendo, como perdés siempre todo, hasta las cartas sin mandar.No supe que hacer con mis manos, y mientras apagaba el cigarrillo en un plato sucio esbocé una caricia en su pelo, mucho más corto que entonces.En silencio giró hacia mí y nos abrazamos y comencé a llorar en el cálido hueco de su hombro, quedamente, sabiendo – como se sabe a los cuarenta y pico – que uno no llora por los demás, siempre se llora por uno mismo, por lo que somos, lo que pudimos ser, las ilusiones perdidas – o, peor – abandonadas.- Te quiero – dije, sabiendo lo patético que resultaba expresarlo después de mas de veinte años – Siempre te quise, y aunque esto ahora te importe muy poco me alivia muchísimo haberte encontrado para ser sincero conmigo mismo.- Seguís siendo un chico. ¿Cuándo vas a crecer?Había caminado bajo la llovizna insidiosa de esa ciudad desconocida y esquiva durante casi una hora. El llamado telefónico, en vez de tranquilizarme o darme ánimo avivó mi natural indecisión:- ¿Rosa?- Sí, ¿Quién habla? – dijo en castellano, reconociendo, sólo por la forma de pronunciar un nombre, el idioma en que fue expresado.- Gabriel...- ¿Gabriel? ¿Gabriel...de...?- Soy yo, Rosa, Gabriel.- ¿Dónde estás? ¿ No me digas que...?- Estoy en Praga. Vine al congreso de Lingüística. ¿Podemos vernos un rato. Digo, tengo la tarde libre. ¿Vos podés?- Vení ahora. ¿Sabés llegar? Yo voy a trabajar en casa toda la tarde. Venite ya.- Bueno, en un rato llego. Chau- Chau, chau, un beso.Salí caminando del hotel, sin saber hacia dónde. Mas de veinte años después iba a decir lo que siempre supe que debí haber dicho, y – a pesar de tantos golpes recibidos – aún sentía miedo. ¿Me animaría a enfrentar a los fantasmas de mi pasado? No terminaba de pensar en la frase que ya me avergoncé de lo cursi y demodé del estilo introspectivo: ¿Fantasmas de mi pasado? Si hasta parecía sacado de un culebrón venezolano. “L... (... pincha y lee, que no acabé) 09/02/2005Lo unico importante en la vida...Llegué a casa de Mónica en unos minutos, evitando correr la última cuadra por un mínimo de respeto hacia mí mismo. Toqué el timbre corto, prometiéndome contener mi ansiedad, o por lo menos no hacerla muy visible. Naturalmente fue inútil, la visión de Mónica, con su pelo renegrido como, como. Bueno, renegrido, lacio y largo hasta la cintura. Bastó verla- decía- para comenzar mal; disculparse por una demora de más o menos media hora no entra en los cánones del galanteo según lo entienden los argentinos. Ella captó al vuelo mi debilidad, y su movida fue magistral: No importa –dijo, enlazándose el cabello con las dos manos - igual vamos a volver Temprano. Vaciló – hace mucho frío - agregó, y una luz pasó por su rostro de camafeo, muy blanco y de labios intensos, vibrantes, tan deseables... Le agradecí mentalmente que haya moderado la dureza de la primera frase con esa sonrisa. En todo caso lo reducido de nuestro paseo podría atribuirse al clima, y no a mi poca importancia. Aunque naturalmente que no eran excluyentes. Caminamos hacia la avenida, a paso rápido ¿Por qué? Intercambiamos alguna que otra información sobre lo avanzado (en su caso) o no (en el mío) de nuestros estudios. Mis miradas la recorrían ávidamente, a pesar de mis esfuerzos por mantener la vista en algún punto indeterminado entre sus ojos color miel y su labio superior. Era infructuoso, mis ojos derrapaban hacia su boca, declinaban en su cuello, en ese triángulo de piel blanca que la bufanda no alcanzaba a cubrir, para terminar inevitablemente en la curva del nacimiento de sus pequeños pechos y ¡Gloria a Dios!, En el compacto pezón que el frío marcaba debajo de su jersey. La noche iba perdiendo un poco de la típica humedad de junio a favor de un viento casi molesto que soplaba del lado del parque. Al arrebujarse en su abrigo la sentí un poco más distante, pero su boca me sonreía, la ternura me inundó en ese momento, y me sentí algo menos insignificante. Parados en el cantero central de la avenida esperamos a cruzar, instintivamente estiré mi brazo para protegerla del hipotético (e improbable) peligro del colectivo que iba frenando en la esquina, y ¡El milagro se produjo! Mi mano encontró la suya, suave y receptiva. Atravesamos la calzada, me armé de todo mi escaso coraje, y no la solté. Mientras fabulaba para ella todas las aventuras que había corrido, desde el ya lejano verano en que tuvimos nuestro último acercamiento, nuestras palmas, falanges y yemas mantenían su propio diálogo, reconociéndose, engendrando una íntima tibieza compartida. Pasamos frente a la puerta del cine, Mónica ya había visto la película (cómo no), pero a mí me atraía la posibilidad de pasar un rato en la oscuridad. La función estaba empezando, el hall estaba vacío, y el boletero, hurgándose la nariz, miraba fijamente el afiche de la película, como descubriendo algo que había quedado oculto a las setecientas veces que lo hubo leído antes. Pero, bueno, su negativa a mirar de nuevo una pel... (... pincha y lee, que no acabé) 30/01/2005La especificidad de AuschwitzDel genocidio como una de las "bellas artes" Cuando a finales de la segunda guerra mundial comenzaron a aparecer y difundirse las noticias sobre los campos de concentración la primer reacción de cualquier persona medianamente en sus cabales fue la incredulidad. Sin embargo el genocidio no fue patentado por el nazismo. Provocar la muerte de semejantes en grandes proporciones parece haber sido una constante más que una excepción en el catálogo de conductas humanas. Quién más, quién menos todas las sociedades "exitosas" se edificaron sobre el exterminio de algún "otro". No cabe duda que si debiéramos confeccionar algún "ranking", los muy civilizados pueblos europeos marcharían a la cabeza: los españoles en América central y meridional; ingleses y holandeses en Africa; y sus descendientes puritanos en la parte septentrional del nuevo continente. También la Francia revolucionaria tuvo el suyo en Haití, y Portugal no dejó de construir el propio en sus colonias de ambas márgenes del Atlántico. A principios del siglo XX igualmente los jóvenes turcos estrenaron la modernidad tanto tiempo demorada en el imperio otomano tratando de exterminar al pueblo armenio. La lista es extensa, y hacerla de modo exhaustivo excede los propósitos de este artículo, y muy probablemente la capacidad de trabajo de numerosos historiadores puestos a investigar con tiempo y medios suficientes. Sólo para no ser irremediablemente injustos con los pueblos orientales se hace necesario recordar el empeño puesto por el Japón en China y Corea para no quedar fuera de tan prestigiosa competencia. Más cerca, también los subdesarrollados argentinos - por ejemplo - han obtenido modestos pero significativos logros en la construcción de su propio genocidio doméstico: algunos generales tuvieron más suerte y sus hazañas genocidas fueron recompensadas con dos presidencias, calles a su nombre, y barrocas estatuas ecuestres; para otros los tiempos fueron crueles y sólo obtuvieron el reconocimiento de unos pocos fieles de fuertes convicciones, genocidas... Sin caer en generalizaciones injustas podríamos no obstante postular que la historia de la humanidad admite ser contada por la sucesión de genocidios. Poco quedaría por explicar, e incluso una hipotética historia de las artes no quedaría demasiado mutilada si fuese interpretada sólo por los efectos estéticos que la muerte de semejantes produce en la sensibilidad de los hombres. La visión del "Guernica", por ejemplo, da cuenta en forma bastante completa del espíritu de la época, sin caer en los excesos del realismo. Poco podía, pues, asombrarse el mundo por la matanza de seres humanos, más aún cuando la segunda guerra mundial había dejado el saldo de 50 millones de víctimas, la mayoría no combatientes, o - más precisamente - no soldados regulares. No obstante esto, el horror ante los crímenes del nazismo conmovió a toda la humanidad. ¿Qué tuvo de especial? ¿Cuál fue su sello distintivo? Volveremos sobre esto... (... pincha y lee, que no acabé) |
Temas
Archivos
EnlacesPerseidaOtros
|